lunes, 25 de mayo de 2020

Entrada general: ¿aprender filosofía o aprender a filosofar?


¿Enseñar a filosofar o enseñar historia de la filosofía? Cómo enseñar filosofía parecería, a primera vista, una cuestión meramente técnico-pedagógica, en la que habría que sopesar las diferentes formas en las que exponer los contenidos filosóficos. Sin embargo, esta cuestión sólo puede ser esclarecida una vez que se ha dilucidado qué es la filosofía. Dependiendo de la respuesta que se dé a esta prístina pregunta encontraremos diferentes propuestas educativas. De este modo, la pregunta sobre la enseñanza de la filosofía es una pregunta genuinamente filosófica que desborda el ámbito de lo meramente técnico.

O bien enseñamos a filosofar, es decir, educamos a los jóvenes a desarrollar una posición crítica desde la que valorar cada propuesta particular (e incluso a formular una propuesta propia). O bien enseñamos a los educandos contenidos de filosofía, es decir, las diferentes objetivaciones filosóficas que se han ido sedimentando a lo largo de los siglos. O bien entendemos la enseñanza de la filosofía como actividad, o bien la entendemos como doxografía. Esta contraposición podemos rastrearla hasta la misma escolástica, donde queda patente la diferencia metodológica entre disputatio y lectio. Estas posiciones han sido defendidas por dos filósofos de la máxima envergadura. Por un lado, tenemos a Kant, que propone al educando aprender a filosofar, y por otro tenemos a Hegel, que propugna un saber sistemático de todas las filosofías precedentes. 

En principio, planteada la cuestión así, creo que serían muchos los que sentirían simpatía por la posición kantiana. Enseñar a filosofar consistiría en cultivar la autonomía y el pensamiento crítico, cuyo fin último, mas que la memorización escolar, sería e crecimiento personal. En cambio, la propuesta hegeliana, es decir, el saber sistemático de la filosofía, parecería más bien una erudición frívola con escasa relevancia. Sin embargo, a pesar de las apariencias, creo que la propuesta hegeliana es mucho más eficaz. 

Imaginemos a un hombre tumbado al lado de una piscina, haciendo movimientos absurdos con brazos y piernas. Cuando le preguntan a qué viene todo eso, él responde que no sabe nadar y que está tratando de aprender antes de echarse al agua. Seguramente, la mayoría de nosotros le respondería que eso que trata de hacer es imposible, sólo puede aprender a nadar dentro del agua. Esta es la razón (muy simplificada) por la cual Hegel no puede aceptar el planteamiento kantiano. Aunque el también tenga en mente el filosofar como actividad, sabe que este filosofar no puede darse en el vacío. Solo puede aprenderse el filosofar circundado (o inmerso en) las filosofías realmente existentes, estas son el medio en las que uno flota con el empuje de brazos y piernas, y sin las cuales nos hundiríamos en un abismo de opiniones sin fundamento.

Y así nos va, que la nada, más que nadearnos, no nos hace ni ahogadillas.

Material: La teoría de la verdad de san Agustín

San Agustín hace del yo el campo de batalla, el problema de la verdad es un problema en mí mismo, podríamos decir. La interioridad del yo supone la vía para alcanzar la verdad: “No quieras derramarte fuera; entra dentro de ti mismo, porque en el hombre interior reside la verdad”. Sin embargo, la verdad es algo superior al alma humana, por lo tanto, para encontrarla se necesita de una iluminación interior. La verdad es la meta de toda dialéctica racional; nadie crea la verdad, sino que nos trasciende completamente y cuando la asimos nuestro espíritu se embriaga de agradecimiento.

San Agustín le da la vuelta a la duda escéptica con su famoso razonamiento: “si fallor, sum”. Si me engaño entonces se que me engaño y esta certeza no puede arrebatármela nadie,. Del núcleo de la certeza agustiniana se extraen más certezas. Si existo entonces sé que existo, y si sé que existo amo este ser, de modo que ya sé tres cosas: existo, conozco que existo y amo esta existencia. El alma humana es un reflejo de Dios pues también está tripartita. Ser, conocer, amar; cuerpo, alma y espíritu; Dios padre, Dios hijo y Espíritu Santo.

San Agustín distingue cuatro etapas en el ascenso cognitivo. La primera, la sensación, consiste en una reacción del alma ante las impresiones de los sentidos. La sensación, así entendida, es un producto de la actividad del alma. El segundo escalón lo constituye los criterios de la razón. El raciocinio es muy superior a las sensaciones ya que ofrece criterios intelectuales autónomos e independientes del mundo físico, como los criterios matemáticos, estéticos o éticos. En tercer lugar surge la pregunta sobre la procedencia de estos criterios. Es evidente que estos criterios están por encima de la mente humana y funcionan como leyes a través de las cuales juzgamos la verdad parcial de las cosas. Estas leyes son la Verdad, la cual no es inventada por el hombre sino descubierta por él.

Es muy importante recordar que solo la mens es capaz de elevarse hasta la Verdad, o como la llama Agustín, las rationes intelligibilis incorporalesque rationes. Estas razones son las antiguas ideas platónicas, las cuales, al cristianizarse, se han convertido en pensamientos de Dios. Para que la mente humana pueda aprehender la verdad debe purificarse y santificarse, entonces será iluminada por Dios y comprenderá las Verdades divinas.

Este modelo agustiniano es un platonismo adaptado a los dogmas cristianos. La teoría de la reminiscencia es incompatible con la Creación, por eso el santo recurre a la iluminación. Del mismo modo que Dios participa de la Creación como Ser, también participa del conocimiento como Verdad; Dios deja en todas las mentes una impronta de la verdad, la cual será o no iluminada según se cumplan las condiciones antes mencionadas.

Material: apuntes sobre el epicureísmo (placer, virtud, amistad y felicidad)

El placer es la piedra angular de toda la filosofía epicúrea; es el “bien connatural”, el principio, fundamento y culminación de la vida feliz. Este hedoné es el criterio que debe guiar nuestras vidas para la consecución de esa makaríos zên  (vida feliz) tan anhelada en el helenismo. Cabe destacar que para Epicuro el esclarecimiento de que el placer es el fundamento de la felicidad no procede de fríos razonamientos ni de sutilezas filosóficas, sino que es algo evidente. La propia naturaleza nos demuestra que todo ser viviente busca el placer y rehuye el dolor. Es una certeza inmediata de cada hombre que el placer es un bien y el dolor un mal.

Sin embargo, esta idea de Epicuro no era del todo original, pues la ética hedonista ya había sido desarrollada por Aristipo de Cirene muchos años atrás. Epicuro debió conocer de sobra la filosofía cirenaica y es notorio que el desarrollo de muchos conceptos está en oposición precisamente con esta escuela. Para los cirenaicos el placer y el dolor eran fenómenos meramente biológicos y fisiológicos — se llega a definir el placer como un movimiento suave y el dolor como un movimiento áspero—. En cambio, en Epicuro el valor de la palabra placer se modifica hasta hacerla compatible con el ascetismo.

Placer en Epicuro tiene dos sentidos. Por un lado el placer cinético que se podría adaptar al sentido popular de la palabra: es aquel que se experimenta al dar cumplimiento a un deseo o a una inclinación. Y por el otro lado, el placer catastémico que es muy superior al cinético y que consiste en la ausencia de dolor.  A su vez, el estado catastémico de placer se llama ataraxía cuando la ausencia de dolor se da en el espíritu, o aponía cuando se da en el cuerpo. Esta descripción del hedoné como estado estático está impregnada de elementos cercanos a la religión, como la tranquilidad y la paz interior, por eso muchos traductores opinan que en castellano sería más adecuada la palabra “goce”, que sí conserva sus acepciones religiosas. Es importante esta precisión pues en la cultura popular se suele asociar el hedonismo con el desenfreno y con pasiones desordenadas.

Esta jerarquía de placeres debe ser matizada. Aunque los placeres del espíritu sean considerados por Epicuro como más sublimes, también es cierto que los placeres de la carne son los más básicos y apremiantes. “Principio y raíz de todo bien es el placer del vientre. Incluso los actos más sabios e importantes a él guardan referencia.”Así, el epicureísmo escapa de los inútiles rigorismos en la ascesis.

En este marco ético la virtud consiste en el sensato cálculo de placeres y en la autarquía. Como ya se ha dicho, el hedonismo de Epicuro no es (¡ni mucho menos!) un frenético y desenfrenado anhelo de placer, sino que para alcanzar la felicidad se tiene que valorar y sopesar los dolores y placeres que se deriven de cada acción. “Ciertamente todo placer es un bien por su conformidad con la naturaleza, y sin embargo no todo placer es elegible. De igual modo todo dolor es un mal, pero no todo dolor siempre ha de evitarse. Conviene juzgar todo esto con el cálculo y la consideración de lo útil y lo conveniente”(D. L. X. 10, 129-130). Como puede verse, la sensatez y la templanza son virtudes fundamentales que a la larga aportan serenidad y felicidad. Estas virtudes son medios, no fines. Si Epicuro recomienda la prudencia o la justicia no es por su esencia ideal y trascendente (al modo platónico), sino por su utilidad para alcanzar la vida feliz.

A todo esto hay que añadir la auto-suficiencia (que era un punto común en todas las filosofías helenísticas) para definir al sabio epicúreo. La independencia y la frugalidad son requisitos indispensables para conquistar la libertad en una época de inestabilidad, como queda reflejado en la exhortación vaticana 77: “el mayor fruto de la autosuficiencia es la libertad”.

Por último, la amistad en Epicuro tiene por objetivo la obtención de placer y su fundamento está en la conveniencia mutua. Esta amistad proporciona ciertas seguridades y salva del aislamiento, lo que la hace muy útil, pero es una relación que no se reduce solo a la utilidad, es deseable por sí misma. En esta asociación de amigos se funda el Jardín, que es un refugio de concordia frente a la lucha de todos contra todos en que se estaba convirtiendo la sociedad griega.


domingo, 24 de mayo de 2020

Material: Apuntes sobre la dialéctica trascendental en Kant

Kant entiende por dialéctica la lógica de la apariencia, que ofrece a la ignorancia un aspecto de verdad. Cuando la razón trata de ir más allá de la experiencia posible es cuando cae en las ilusiones de la dialéctica. Kant trata de explicar estas ilusiones en las que incurre la razón, y esta explicación es la que recibe el nombre de dialéctica trascendental. Estas ilusiones son, sin embargo, naturales; van de suyo con nuestra naturaleza. Aunque las ilusiones dialécticas sean desenmascaradas, siguen ejerciendo una continua seducción a la que la razón no puede resistirse. La razón presenta una tendencia a ir más allá de la experiencia y, por lo tanto, al error. Ahora bien, estas ilusiones presentan una lógica específica que Kant tratará de desentrañar.

El término razón tiene en Kant dos significados:

  1. La capacidad cognoscitiva en general.
  2. Un significado técnico según el cual la razón es el entendimiento que trata de franquear los límites de la experiencia posible. Esta tendencia de la razón no es algo ilícito, sino un hecho estructural de nuestro intelecto. La razón es pues una facultad que trata de alcanzar lo infinito, los fundamentos supremos y últimos. Dicho con pocas palabras, la razón es nuestra inexorable condición metafísica. Si el hombre está sediento de lo absoluto es gracias a (o por culpa de) la razón.
El regreso de la metafísica (La aventura intelectual de Kant ...
Si el entendimiento era la facultad de juzgar, la razón será la facultad de silogizar. Como existen tres tipos de silogismos (categóricos, hipotéticos y disyuntivos), entonces habrá tres ideas metafísicas: alma (psicología racional), mundo (cosmología racional) y Dios (teología racional). Cada una de estas disciplinas forman las diferentes ramas de la metafísica. Estas ideas son trascendentes, que no trascendentales: consideran nuestro conocimiento extraído de la experiencia como determinado por una totalidad absoluta.

jueves, 14 de mayo de 2020

Actividad: la justicia platónica ejemplificada en Star Wars

https://www.youtube.com/watch?v=B31h_fziiAw

En el video anterior vemos una escena de la Saga de Star War en la que Palpatine, el villano, trata de cambiar el orden republicano de los planetas confederados a uno de tipo imperial ¿Qué crees que opinaría Platón de un suceso como este? ¿Estaría en armonía con su rechazo a la democracia? Ten en cuenta los siguientes puntos.

Por un lado, la escena refleja exactamente lo que Platón criticaba de la democracia, es decir, la facilidad con que la voluble voluntad del pueblo pueden corromperse cuando un demagogo les dice lo que quieren escuchar. En este caso, podríamos entender que esta escena ejemplifica el destino al que están abocadas todas las democracias. La posición de Platón estaría representada por el desengaño de Padmé Amidala cuando pronuncia las palabras: Así es como muere la libertad, con un estruendoso aplauso.

Pero también cabe la interpretación contraria, es decir, teniendo en cuenta que la República Galáctica es una democracia, la posición de Platón podría estar representada en la figura de Palpatine. Ante las desventajas de un orden republicano, Palpatine estaría tratando de convertirse en el rey filósofo.

Teniendo en cuenta la teoría de la justicia platónica, ¿crees que está justificada la conversión de la república en imperio? En el caso de que nuestras intenciones fuesen las mejores, ¿crees que estaríamos legitimados a tomar el poder fraudulentamente? Si la ultima ratio de la legitimidad política es el conocimiento, ¿no sería mejor elegir a nuestros gobernantes mediante un examen, de modo que siempre sean los más preparados?

Reflexiona sobre estas cuestiones en una breve disertación de dos caras.

miércoles, 19 de febrero de 2020

Valoración final

Mapa conceptual en filosofía.

El mapa conceptual es una técnica de aprendizaje que trata de condensar y organizar las ideas principales de un tema para poder aprehenderlas en su conjunto. Creo que pueden ser un recurso espléndido en filósofos que presenten una gran riqueza conceptual, como pueden ser Spinoza, Kant o Hegel. En estos casos el mapa conceptual se complementa muy bien con el esquema y juntos pueden lograr una visión panorámica de los sistemas filosóficos. El esquema puede presentar mayor información, pero el mapa conceptual puede introducir una mayor cantidad de relaciones entre los conceptos. Por otro lado, el mapa conceptual, si es realizado por el propio alumno, tiene la ventaja de revelar rápidamente la comprensión que se ha logrado del tema. Las doctrinas filosóficas suelen tener una estructura arquitectónica, y cuando no se han entendido del todo una parte, peligra la consistencia de la totalidad. Por eso, la elaboración de un mapa conceptual puede ayudar al alumno a darse cuenta de su propia comprensión del asunto, así como a hacer patente las posibles carencias. A continuación podemos ver dos mapas conceptuales que pueden ayudar enormemente al estudiante:

Resultado de imagen de spinoza esquema