lunes, 25 de mayo de 2020

Material: apuntes sobre el epicureísmo (placer, virtud, amistad y felicidad)

El placer es la piedra angular de toda la filosofía epicúrea; es el “bien connatural”, el principio, fundamento y culminación de la vida feliz. Este hedoné es el criterio que debe guiar nuestras vidas para la consecución de esa makaríos zên  (vida feliz) tan anhelada en el helenismo. Cabe destacar que para Epicuro el esclarecimiento de que el placer es el fundamento de la felicidad no procede de fríos razonamientos ni de sutilezas filosóficas, sino que es algo evidente. La propia naturaleza nos demuestra que todo ser viviente busca el placer y rehuye el dolor. Es una certeza inmediata de cada hombre que el placer es un bien y el dolor un mal.

Sin embargo, esta idea de Epicuro no era del todo original, pues la ética hedonista ya había sido desarrollada por Aristipo de Cirene muchos años atrás. Epicuro debió conocer de sobra la filosofía cirenaica y es notorio que el desarrollo de muchos conceptos está en oposición precisamente con esta escuela. Para los cirenaicos el placer y el dolor eran fenómenos meramente biológicos y fisiológicos — se llega a definir el placer como un movimiento suave y el dolor como un movimiento áspero—. En cambio, en Epicuro el valor de la palabra placer se modifica hasta hacerla compatible con el ascetismo.

Placer en Epicuro tiene dos sentidos. Por un lado el placer cinético que se podría adaptar al sentido popular de la palabra: es aquel que se experimenta al dar cumplimiento a un deseo o a una inclinación. Y por el otro lado, el placer catastémico que es muy superior al cinético y que consiste en la ausencia de dolor.  A su vez, el estado catastémico de placer se llama ataraxía cuando la ausencia de dolor se da en el espíritu, o aponía cuando se da en el cuerpo. Esta descripción del hedoné como estado estático está impregnada de elementos cercanos a la religión, como la tranquilidad y la paz interior, por eso muchos traductores opinan que en castellano sería más adecuada la palabra “goce”, que sí conserva sus acepciones religiosas. Es importante esta precisión pues en la cultura popular se suele asociar el hedonismo con el desenfreno y con pasiones desordenadas.

Esta jerarquía de placeres debe ser matizada. Aunque los placeres del espíritu sean considerados por Epicuro como más sublimes, también es cierto que los placeres de la carne son los más básicos y apremiantes. “Principio y raíz de todo bien es el placer del vientre. Incluso los actos más sabios e importantes a él guardan referencia.”Así, el epicureísmo escapa de los inútiles rigorismos en la ascesis.

En este marco ético la virtud consiste en el sensato cálculo de placeres y en la autarquía. Como ya se ha dicho, el hedonismo de Epicuro no es (¡ni mucho menos!) un frenético y desenfrenado anhelo de placer, sino que para alcanzar la felicidad se tiene que valorar y sopesar los dolores y placeres que se deriven de cada acción. “Ciertamente todo placer es un bien por su conformidad con la naturaleza, y sin embargo no todo placer es elegible. De igual modo todo dolor es un mal, pero no todo dolor siempre ha de evitarse. Conviene juzgar todo esto con el cálculo y la consideración de lo útil y lo conveniente”(D. L. X. 10, 129-130). Como puede verse, la sensatez y la templanza son virtudes fundamentales que a la larga aportan serenidad y felicidad. Estas virtudes son medios, no fines. Si Epicuro recomienda la prudencia o la justicia no es por su esencia ideal y trascendente (al modo platónico), sino por su utilidad para alcanzar la vida feliz.

A todo esto hay que añadir la auto-suficiencia (que era un punto común en todas las filosofías helenísticas) para definir al sabio epicúreo. La independencia y la frugalidad son requisitos indispensables para conquistar la libertad en una época de inestabilidad, como queda reflejado en la exhortación vaticana 77: “el mayor fruto de la autosuficiencia es la libertad”.

Por último, la amistad en Epicuro tiene por objetivo la obtención de placer y su fundamento está en la conveniencia mutua. Esta amistad proporciona ciertas seguridades y salva del aislamiento, lo que la hace muy útil, pero es una relación que no se reduce solo a la utilidad, es deseable por sí misma. En esta asociación de amigos se funda el Jardín, que es un refugio de concordia frente a la lucha de todos contra todos en que se estaba convirtiendo la sociedad griega.


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