Kant entiende por dialéctica la lógica de la apariencia, que ofrece a la ignorancia un aspecto de verdad. Cuando la razón trata de ir más allá de la experiencia posible es cuando cae en las ilusiones de la dialéctica. Kant trata de explicar estas ilusiones en las que incurre la razón, y esta explicación es la que recibe el nombre de dialéctica trascendental. Estas ilusiones son, sin embargo, naturales; van de suyo con nuestra naturaleza. Aunque las ilusiones dialécticas sean desenmascaradas, siguen ejerciendo una continua seducción a la que la razón no puede resistirse. La razón presenta una tendencia a ir más allá de la experiencia y, por lo tanto, al error. Ahora bien, estas ilusiones presentan una lógica específica que Kant tratará de desentrañar.
El término razón tiene en Kant dos significados:
- La capacidad cognoscitiva en general.
- Un significado técnico según el cual la razón es el entendimiento que trata de franquear los límites de la experiencia posible. Esta tendencia de la razón no es algo ilícito, sino un hecho estructural de nuestro intelecto. La razón es pues una facultad que trata de alcanzar lo infinito, los fundamentos supremos y últimos. Dicho con pocas palabras, la razón es nuestra inexorable condición metafísica. Si el hombre está sediento de lo absoluto es gracias a (o por culpa de) la razón.

Si el entendimiento era la facultad de juzgar, la razón será la facultad de silogizar. Como existen tres tipos de silogismos (categóricos, hipotéticos y disyuntivos), entonces habrá tres ideas metafísicas: alma (psicología racional), mundo (cosmología racional) y Dios (teología racional). Cada una de estas disciplinas forman las diferentes ramas de la metafísica. Estas ideas son trascendentes, que no trascendentales: consideran nuestro conocimiento extraído de la experiencia como determinado por una totalidad absoluta.
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