Quisiera responder a esta pregunta sin caer en tópicos del
tipo: «La
filosofía aporta pensamiento crítico», «la filosofía nos enseña a pensar»,
«la
filosofía nos saca del dogmatismo», etc. Antes de definir las virtudes de la
filosofía, creo que es menester subrayar que no aporta la filosofía. Un manual de estética no hará de un artista mediocre uno sublime, así como ningún tratado sobre ética ha logrado enseñar la bondad a un canalla. Del mismo modo, la introducción de saberes filosóficos en el alumnado no obrará ninguna trasmutación alquímica en los alumnos, por la cual aprenderán a pensar críticamente. Quod natura non dat, philosophia non praestat, versionando el adagio salmantino. Si esto se logra es tan sólo extrínsecamente y del mismo modo en el que también se logra en cualquier otro ejercicio intelectual. Alguien que se aplicase en profundidad a la filología, historia, química o matemáticas, también lograría ampliar las fronteras del pensamiento e incrementar la agilidad mental. Así, todos los tópicos que solemos mentar cuando hablamos de las aportaciones específicas de la filosofía en los jóvenes, no son sino aportaciones generales que llevan aparejadas cualquier tarea de índole intelectual y reflexiva.
Entonces, ¿cuál es la aportación genuina de la filosofía? Responder a semejante cuestión requeriría aclarar previamente qué entendemos por filosofía, pregunta que excede con creces el sentido de esta disquisición. Con todo, me limitaré a hacer una observación. El significado de la palabra filosofía es, como toda palabra, definido convencionalmente, por lo tanto, su amplitud semántica puede ser restringida o incrementada. Cuando nos encontramos con definiciones demasiado generales, donde cualquier cosa puede estar imbuida de filosofía (por ejemplo, cuando nos referimos a la filosofía de un banco o a las implicaciones filosóficas de cierta comedia juvenil), entonces debemos concluir que la filosofía no aportan más que un confuso gusto esotérico. En cambio, cuando nos encontramos con definiciones más restrictivas, sí podemos sostener que la filosofía aporte algo. No obstante, dichas definiciones tienen un ostensible carácter normativo que excluyen otras manifestaciones que solemos llamar filosóficas. Esta misma disyuntiva aparece con cualquier noción compleja, como son «ciencia», «arte», «bien», «fe», etc. En mi opinión, la más legítima de las opciones es la segunda, pues es en la que se producen choques de ideas y paradigmas. En efecto, las definiciones más generales terminan por decir obviedades o por no decir nada en absoluto. Así pues, definiré primero qué es filosofía para poder extraer las aportaciones que de ella se derivasen.
Filosofía es sólo aquel sistema donde lo verdadero no es sólo sustancia, sino también sujeto. La verdad comparece ante la realidad como un automovimiento del sujeto, donde se supera la alteridad como un momento unilateral de la identidad. La verdad no es algo constatable en su ser-ahí objetivo, al contrario, la verdad es la vida, el devenir, el desarrollo, por medio del cual el sujeto rompe la corteza de la inmediatez. «Lo verdadero es el todo. Pero el todo es solamente la esencia que se completa mediante su desarrollo». Así pues, la filosofía es el conocimiento sistemático de la verdad, del todo. Siendo así, ¿qué aporta su estudio?
La filosofía muestra al hombre en su verdad procesual con el espíritu, muestra al hombre la alteridad como algo superado y dejado atrás. Con la educación, en el interior del hombre emerge la verdad, pero de modo tal que esta verdad ya está objetivada en el mundo. El sujeto reconoce que es la misma racionalidad la que opera en la subjetividad y la que opera en la exterioridad, es decir, que lo racional es real y lo real es racional; reconociéndose, consecuentemente, como manifestación del espíritu y, a la vez, como mediación necesaria para la consecución de su telos.
La filosofía como parte de la educación imprime en el alumno el sello de la universalidad. El conocimiento filosófico desgarra la particularidad del sujeto y lo hace estallar ontológicamente, para verse después restaurado en una unidad mayor: la comunidad. Así, lo que logra la filosofía es la superación de la egoidad.
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