Esta pregunta se conecta con la anterior cuestión que hemos abordado, pues si la filosofía se incluye en el sistema educativo es porque —efectivamente— tiene algo que aportar a los alumnos. Así pues, en esta ocasión nos centraremos en el papel que tiene la filosofía en el sistema educativo y en el sistema en general. Como dijimos antes, la función de la filosofía es hacer emerger lo universal en el interior de cada hombre. Así, la Bildung es fundamentalmente el proceso por el cual una persona se despoja de sus particularidades (étnicas, sexuales, lingüísticas y sociales) para obrar conforme al universal. Ahora bien, ¿cuál es el universal? Desde alunas teorías el universal es aquello que une esencialmente un conjunto de objetos. El universal de la hoja es aquello que persiste en cada hoja que observo y que, sin embargo, no es ninguna de ellas. De este modo, el universal no tendría ninguna existencia efectiva extramental.
Ahora bien, cuando hablamos de universal nada tiene que ver con esto que acabamos de explicar. El universal, por el contrario, es uno de los elementos que se integran en la tríada dialéctica: singular-particular-universal; la cual está continuamente girando y engendrando a su contrario. En este proceso lo universal es lo que en un momento dado se representa como la configuración más racional y adecuada para una sociedad. De este modo, lo «universal» se conecta inmediatamente con el Estado y con el tejido ético de una sociedad. Desde esta perspectiva, lo «universal» es el ideal político que busca insertarse en una comunidad y darle forma según un conjunto de principios. Antes de que se produzcan las revoluciones, es la Idea la que mueve los acontecimientos históricos y la que se barrunta en la mente de los sujetos políticos en acción. Es en este momento en el que lo viejo aún no ha muerto y lo nuevo todavía está por nacer, cuando lo universal es meramente ideal. Ahora bien, una vez que se han producido las revoluciones o las reformas que el Zeitgeist exigía, entonces lo universal no es meramente ideal, sino efectivamente real. Y e este momento lo universal es el Estado y las relaciones éticas y jurídicas que unen a todos los ciudadanos.
El sistema educativo es una de las herramientas de las que dispone el Estado para formar a sus futuros ciudadanos. Así, la filosofía cumple un papel esencial dentro del sistema educativo, pues ella es la encargada de pulir los intereses particulares de cada persona hasta hacerlos generales, es decir, su función consiste en obrar una identificación ética entre el educando y el Estado. Por supuesto, cabe resaltar que esto nunca se consigue inmediata ni completamente, siempre quedará un espacio donde el ciudadano se priorice a sí mismo o a su familia (como vemos reflejado de manera sublime en Antígona). En cualquier caso, la filosofía juega un papel normativo, donde se regulan las acciones egoístas para ponerlas al servicio del Estado. En este sentido, la filosofía tiene un rol análogo al de la religión, sólo que, si el pecado desagrada a Dios, el mal viola la eticidad de un pueblo. Así pues, la filosofía resulta imprescindible en la perpetuación del Estado.
Sin embargo, hay una postrera reflexión que tenemos que hacer ¿Por qué se ha ido reduciendo paulatinamente la carga lectiva de la filosofía? Con el advenimiento del capitalismo financiero, que es transnacional y apátrida por naturaleza, el Estado soberano se ha convertido en un obstáculo para la el libre tránsito de mercancías. Si antes el Capital necesitaba un Estado fuerte que protegiese a una burguesía nacional, ahora el mismo capital se ha desarraigado de toda patria y el Estado no es sino un dique de contención que ralentiza la unificación de todos los mercados. Así pues, la esfera de la eticidad ya no debe ser defendida. La tarea es precisamente la disolución de toda eticidad, la atomización de todos los individuos, a fin de reintegrarlos en la unidad omnímoda del Capital. Consecuentemente, la filosofía está obsoleta.
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